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Anécdota en el ascensor

Esta anécdota me encanto por que me recuerda ver el lado agradable a las cosas.

El silencio no es mi idioma

Una muy buena amiga me invitó el sábado a su departamento en Providencia para celebrar sus 28 años. Ella vive en el piso 16.

Luego de ingresar al ascensor, también lo hizo un señor de unos 50 años, canoso, de 1.55cm y con una apariencia descuidada. No me había percatado que él estaba tras de mí porque cuando estoy sola no me fijo en mi alrededor.

Lo curioso fue que cuando se subió al ascensor, estalló de la risa y su baba salpicó en mi boca y fue realmente asqueroso.Me limpié como si nada hubiese sucedido; lo entendía de alguna manera porque yo también me río así (lamentablemente, jaja).

Desde ese segundo supe que nuestro viaje en ascensor no sería uno común y corriente.

No dejaba de reírse, y mietras las carcajadas aumentaban su volúmen, me decía “disculpe señorita, ¡no sé qué me pasa!”, y yo sólo le devolvía la…

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