Verso Lunar

PARADOXALMOR

Observo la luna inmensa, hermosa y radiante; sin compañía y tan semejante. Hermana mía platico contigo y hasta te pido consejos.

Toma el rumbo de las mentes inmortales, que enseñen el camino en tu soledad; compartamos juntos el mismo sentimiento árido y frío que observan de la tierra, conservemos el calor de nuestros corazones para los dos. Aprendí amarte como parte de mí, con la obsesión de darte la esencia fruto de mi existencia, que me cobija cada día.

 ¿Crees que valga la pena vivir solo tú y yo?

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MUÉSTRAME A UN HÉROE QUE HAYA MUERTO ACOMPAÑADO DE SUS ALIADOS

Hace frío en las cloacas, la humedad de las paredes y el sonido de las gotas revientan en el pasillo. Caminé por el resbaloso piso apoyándome de la pared hasta el final del túnel. Llegué a una bóveda donde todos los túneles comienzan, no sé si son entradas o salidas, pero era igual a un laberinto.

Escuché venir voces en el fondo de la bóveda, bajé por las escaleras que serpentean la pared, los escalones son cortos y usé las yemas de los dedos aprovechando las salientes de la pared para mantenerme pegado en ella.

Descubrí un pasillo iluminado con lamparás cálidas, caminé entre ellas y a mis pasos titilan antes de fundirse. Observé un grupo de jóvenes reunidos en una fogata con trajes blancos y empuñaban afilados sables. Escuchan a su líder, su rostro es difícil de ver, se desvanecía en cuanto hablaba.

—¡Oye tú! —dijo el líder al descubrirme detrás del grupo, los demás voltearon con rostros nublados, se acercó a mí con insultos y empujones.

Di la vuelta para retirarme, pero un insulto más me hizo golpearlo. El grupo levantó sus armas y se lanzaron sobre mí, corrí por el túnel con toda la fuerza que tenía, el aire comenzó a hacerme falta y pronto las piernas dejaron de responder, la salida era imposible de hallar en el laberinto subterráneo siempre terminaba en una bóveda con más túneles.

Los ruidos de mis perseguidores habían desparecido, pensé que los había perdido pero descubrí a uno buscando en la oscuridad, la silueta se veía a contra luz y la hoja del sable brillaba, me daba la espalda por lo que no me había visto. Caminé despacio, sentí la empuñadura de una daga que sostenía, me aproximé con cautela y se lo atravesé en el cuello, espalda y estomago como una lluvia de flechas. Cayó en seco y yo terminé en el suelo justo después de acabar con él; miré el cuerpo y le di un empujón con la pierna, y se alejó por el arroyo de la cloaca. Agarré el sable de aquel joven, en la oscuridad me deslicé listo para enfrentar al enemigo; sentí un golpe en el cuello y enseguida un chorro de sangre escapó de mis manos cuando quise detenerla, la vista se volvió difusa con pequeños destellos de nitidez por cada golpe que recibía.

—¡Cúbranse! —Grito alguien cuando un proyectil explotó a unos metros de mi arrojándome al suelo.

Estaba por levantarme cuando miembros del pelotón abrieron fuego contra el edificio al otro lado de la calle, carros blindados disparaban de sus torretas, soldados se abrían paso entre el fuego cruzado para llegar a la entrada, incluso había un par de tanques listos para disparar; el fuego se volvió intenso y el sargento tuvo que pedir el apoyo de helicópteros para combatir a las fuerzas del interior. el águila ondeaba en la asta de la plaza de armas, el verde, blanco y rojo, en un cielo oscuro resplandeciente en llamas. Nuestras fuerzas perdían el combate, los soldados caían y se replegaban, los carros explotaban uno a uno. Un grito me hizo dirigir la mirada a la plaza, una mujer abrazaba a su hijo y se cubría del tiroteo en la base de la asta. Recorrí la plaza por los escombros evitando el tiroteo, finalmente llegué a ellos y traté de tranquilizarlos, busqué un camino para lograr escapar cuando escuché un zumbido denso y cuando volteé la ojiva del proyectil impacto junto a nosotros. Los ruidos desparecieron, la bandera se incendiaba al mismo tiempo que la asta se doblaba suavemente, normalmente lo haría de inmediato, pero en esos momentos cuando uno agoniza las cosas se vuelven sutiles y nostálgicas, es el tiempo suficiente para retener esa imagen y llevártela contigo. Un moribundo tendría la hermosa escena de sus familiares antes partir, yo veía el horror, el fin de una nación ultrajada. Apenas tuve fuerza para girar la cabeza y vi el cuerpo del niño separado de su madre, había algo familiar en ella, no la reconocía pero sentí conocerla.

http://www.megustaescribir.com/obra/57193/muestrame-a-un-heroe-que-muera-en-compania-de-sus-aliados

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PARADOXALMOR

Hace frío en las cloacas, la humedad de las paredes y el sonido de las gotas reventar en el pasillo. Caminé por el resbaloso piso apoyándome de la pared hasta el final del túnel. Llegué a una bóveda donde todos los túneles comienzan, no sé si son entradas o salidas, pero era igual a un laberinto.

Escuché venir voces en el fondo de la bóveda, bajé por las escaleras que serpentean la pared, los escalones son cortos y uso las yemas de los dedos aprovechando las salientes de la pared para mantenerme pegado en ella.

Descubrí un pasillo iluminado con lamparás cálidas, caminé entre ellas que a mis pasos titilan antes de fundirse. Observé un grupo de jóvenes reunidos en una fogata, con trajes blancos y empuñaban afilados floretes, espadas y sables. Escuchan a su líder, su rostro es difícil de ver, se desvanecía en cuanto se movía y hablaba.

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DÍA VI (2)

Llegué a la central de autobuses de la ciudad donde consigo un mapa; la 5th st está llena de moteles, todos tiene precios de 45 a 50 dls más impuestos. Sigo caminando hasta que se acabaron y me encuentro con un Bazar Católico, ahí pido recomendaciones para encontrar un buen motel. En contraste, las personas que atienden el bazar y principalmente la cajera, era me trataron con amabilidad.

No soporto el calor de Reno. Las únicas sombras son las que los edificios proyectan.

En San Francisco los dos primeros días estuvieron nublados y en el tercero soleado pero con una brisa fresca que hizo la tarde agradable.

Seguí las instrucciones del bazar y me encuentro en Virginia St, el precio de los moteles era el mismo, pero en la esquina con 9th encuentro El Capri atendido por una pareja de ancianos, Cheryl y Larry.

Después de escuchar mi plan de viaje, Cheryl deja el precio en 40dls ya con impuestos, es una buena oferta; Salgo de la recepción con la esperanza de encontrar algo todavía más económico, afuera encuentro el camino soleado y vacío.

Estoy muy agotado, así que vuelvo a la recepción y renté la habitación.


DAY VI (2)

I arrived at the bus station in the city where I get a map; The 5th st is full of motels, it all has prices of 45 to 50 dls plus taxes. I keep walking until they are over and I find myself with a Catholic Bazaar, there I ask for recommendations to find a good motel. In contrast, the people who attend the bazaar and especially the cashier, treated me with kindness.

I can not stand Reno’s heat. The only shadows are the ones the buildings project.

In San Francisco the first two days were cloudy and in the third, sunny but with a cool breeze that made the afternoon pleasant.

I followed the instructions from the bazaar and I found myself in Virginia St, the price of the motels was the same, but on the corner with 9th I find The Capri tended by an elderly couple, Cheryl and Larry.

After hearing my travel plan, Cheryl leaves me the price at 40dls already with taxes, it’s a good deal; I leave the reception in the hope of finding something even more economical, outside I find the path sunny and empty.

I am very exhausted, so I go back to the reception and rented the room.